Stéphane Fernández Meca (Nimes, 1968) es el torero no español que más corridas y que más toros ha lidiado en la historia de la ganadería. Catorce años de alternativa avalan este dato, desde que el 14 de junio de 1989 la tomara en la plaza de Saint Sever, Francia, de manos de Víctor Mendes, quien le cedió la muerte de Manzanito, perteneciente a la ganadería de Juan Andrés Garzón.
Al cierre de esta entrevista, Meca se encuentra entre los diez primeros de los que más han toreado a los albaserradas y es uno de los especialistas que más y mejor los entiende. Un veterano curtido que apura su carrera taurina con buenas sensaciones y que siente satisfacción de ser uno de los toreros especialistas. Por derecho propio aquí queda su testimonio para la sección Toreros.

Victorinomartin.com: Las estadísticas con reses de Victorino Martín le sitúan el octavo del ranking de lidiadores que más festejos han toreado. ¿Qué balance hace?.
Fernández Meca: Si, son muchas las corridas. Especialmente recuerdo la primera que toree en Arles (8 de septiembre de 1996), pero recuerdo dos, por encima de las demás, una fue la tarde de San Sebastián, el día que le dio la cornada a Juan José Padilla, y la otra en Mont-de-Marsan,foto superior y que fue televisada por Vía Digital, en la que justamente me encontré con el toro Gargantillo. Fue una corrida, y especialmente ese toro, que me consagró.
V.c: ¿Cómo recuerda esa faena?
F.M: Gargantillo fue un toro que no apetecía a mucha gente en el sorteo (sonríe) y, nada, decidimos echarlo en quinto lugar y fue un toro que de salida fue frío; olisqueando la arena y frenándose. Siendo sincero el toro no hizo cosas como para que rompiera, pero a medida que transcurrió su lidia, concretamente a partir del tercio de varas, el toro se fue creciendo y en la muleta fue sensacional. Le corté las dos orejas, pero lo mejor no fue ese hecho sino que le realicé una faena de alto nivel. Una faena a un toro que me consagró definitivamente.
V.c: ¿Qué tiene el toro de victorino cuando embiste humillado y con largo recorrido que no tienen los de otras ganaderías?
F.M: Pues recordando otra vez a Gargantillo, fue un toro que embistió muy humillado y largo y que transmitió en la plaza una sensación de fiereza y de peligro. Los toros de victorino que embisten bien son toros cumbre porque van a más, a más, a más... y que no te perdonan un solo fallo. No es fácil estar delante de ellos, pero la recompensa es muy grande. Yo la tuve como antes dije con Gargantillo porque a partir de ese toro mi carrera cambio decisivamente. Los profesionales, a partir de ahí, me reconocieron y aunque he tenido muchos triunfos, en plazas como Nîmes y Bayona y que fueron un despegue, no logré consagrarme a la altura de éste.
V.c: Entonces es verdad que el toro de Victorino pone en circulación la carrera de un torero.
F.M: Yo soy el caso. A mí me ha puesto a funcionar y a ser en Francia un torero importante en todas las ferias.
V.c: Recuerda alguna faena más.
F.M: Hay otra que hice en Bayona a un toro número 110, un toro muy serio. Fue la última vez que vino el mayoral, Julio [Presumido], a Francia. Le corté las dos orejas y recuerdo que fue un toro también por su presencia imponente, un tío, y por la calidad un toro muy importante. Ha habido otros toros, como las dos tardes que he salido por la puerta grande en Nimes. En resumen, que ha habido muchos toros de Victorino en mi carrera y todo eso confirma y justifica los esfuerzos que he hecho ante estas corridas.
V.c: En las biografías suyas que publican algunos medios especializados destacan como un hecho importante la tarde del 17 de agosto de 2002 en Aire Sur L´Adour, en la que consiguió tres orejas de Misivo y Montañero, premiados con la vuelta en el arrastre.
F.M: Es que, oiga, cuando te recuerdan efemérides compruebas que ha habido muchas tardes buenas, casi siempre de triunfo; casi siempre. Cuando he triunfado con Victorinos casi siempre han sido triunfos muy grandes y aquella tarde que dice fue así.
V.c: Cómo define al toro de Victorino.
F.M: Un toro que quema mucho, que agobia. Muy encastado y muy repetidor que no admite los cambios en la lidia porque le tienes que hacer las cosas muy despacio, muy por abajo, y a la vez un toro muy complicado, de verdad que muy complicado y duro para entender y torearlo. Sin embargo cuando logras hacer las cosas bien y lo cuajas es un toro que te da una dimensión y altura que muy pocos toros de otras ganaderías te pueden dar.
V.c: Qué hay que tener para entender a este encaste.
F.M: (Sonríe). Mucho de todo.
V.c: Dicen algunos compañeros suyos que con los Victorinos se siente placer con el bueno y tortura con el malo. ¿Es cierto?
F.M: Es verdad, estoy de acuerdo. Cierto al cien por cien.
V.c: Le ha quitado algo algún victorino.
F.M: Algunos me han hecho pasar fatigas y mucho miedo; muchas apreturas, no. Alimañas que a mí también me tocaron. Son cosas que pasan, ha habido veces en que me ha tocado alguno malo y uno en ese momento se acuerda del ganadero.
V.c: ¿Se parecen a su dueño?
F.M: ¡Yo que sé! En el ruedo tú no piensas en el dueño. Piensas en que tienes que estar delante y en que lo tienes que lidiar lo mejor, lo más pronto y lo más profesional posible.
V.c: En qué cree que consiste el éxito de Victorino.
F.M: El éxito de Victorino se lo voy a decir, sinceramente, en tres palabras: criar esos toros.
David Plaza